la pulga y la locomotora

Anónimos y cabreados

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Organización contra la democracia desrepresentativa

Aquí se pueden descargar “¡Organización!”, un fanzine exprés sobre el 15M. A la velocidad con la que ruedan las cosas (dos meses han pasado desde el 15M, ¡dos meses!), un fanzine de los de antes puede parecer una herramienta de difusión algo obsoleta, con la fecha de caducidad precediendo a la de envasado, pero aun así éste tiene todo el sentido del mundo. “¡Organización!” es la respuesta que esperábamos de un underground al que le encanta mirarse el ombligo y que en demasiadas ocasiones esconde la cabeza bajo el ala, mojigato. En las páginas del fanzine (disponible también en PDF) encontrarán una pequeña y heterogénea asamblea de músicos, comiqueros, “periodistas” y escritores, nadando y sin ninguna intención de guardar la ropa. De Miguel Brieva (“Dinero”) y Sergi Puyol (Le Pianc, “Cárcel de Amor”, “Colibrí”) a Víctor Lenore (Rockdelux, Música en La Mochila) o Miqui Otero (ADN, “Hilo musical”), pasando por Roberto Herreros (Garzón, Grande-Marlaska, Mapa sonoro), Antonio Baños (Ánima, Público), Kiko Amat (“Rompepistas”, “Mil violines”) y Manolo Martínez (Astrud). Coordina y dinamiza Carlos Alonso (La Patata de la Libertad, Acabáramos, Blog de Residuos).

Les convidamos a que descubran por sí mismos estas y otras aportaciones, tan indignadas, críticas y esperanzadas como la que más. El pueblo despierta y somos TODOS, es necesario que quienes de uno u otro modo ya luchaban desde las catacumbas sigan manteniendo el pulso. El borrón y cuenta nueva debe ser radical con lo que está podrido, no con lo que ya era honesto y consciente. Construímos sobre ruinas también con herramientas e ideas que ya existían mucho antes del 15M, de 2011, de la explosión de la burbuja, de las pruebas de estrés y del festival de los rescates.

Martí Sales (de Els Surfing Sirles, banda favorita de los últimos tiempos, también autor de “Dies feliços a la presó”, “Huckleberry Finn” y “Wamba va!”) resume a la perfección un espíritu lleno de coraje y determinación:

“Com sempre, l’únic que hem de tenir present és que nosaltres som molts més i ens corre molta més sang per les venes que als que han estat remenant les cireres durant tant de temps i de forma tan indiscriminada i impune. Sí: nosaltres som molts més i tenim moltes més ganes de fer embotits per Sant Martí / [Como siempre, lo único que debemos tener presente es que nosotros somos muchos más y nos corre mucha más sangre por las venas que a los que han estado removiendo las cerezas durante tanto tiempo y de forma tan indiscriminada e impune. Sí: nosotros somos muchos más y tenemos muchas más ganas de hacer embutidos por San Martín]”

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RIP! #SGAE: A Remix Manifesto, Act 2

Si las leyes del copyright sobreviven no es solo gracias a sociedades como la SGAE y las mafias que se han organizado durante años dentro de ellas. También existen voces discordantes con su gestión que ahora se hacen oír entre el tumulto generado. Mientras Caco Senante hace de plaqueta solitaria en una herida sangrante que ni un ejército de millones de trombocitos podría detener, se promulga desde varios frentes un cambio de modelo y directiva de la entidad. La de Joan Vich es una de esas voces, de las más argumentadas y razonables que hemos encontrado.

Sin embargo, aunque toda opinión nos interesa y enriquece, no podemos estar de acuerdo en la base. Por lo sensato de su punto de vista, el apoyo a Vich (con el que, por otra parte, solemos estar bastante de acuerdo) ha sido notable y, creemos, no demasiado meditado. Vich ataca las formas, pero defiende el fondo: Los derechos de autor deben seguir existiendo. Y ahí es donde dejamos de comulgar. En primer lugar, les invitamos a leer lo que ya se dijo por aquí al respecto. En segundo lugar, quizás no analizamos lo suficiente por qué el copyright es un cáncer que merece ser extirpado, así que nos disponemos a hacerlo como es debido.

“1. Culture always builds on the past

2. The past always tries to control the future

3. Our future is becoming less free

4. To build free societies, you must limit the control of the past”

RIP: A Remix Manifesto

Que la cultura se construye en el pasado (punto 1) es innegable. La musa es un engañabobos que solo sirve a los intereses de caraduras e iluminados. Nadie construye un laptop sin años de evolución de transistores y chips. Ninguna, absolutamente ninguna, canción de este año se habrá compuesto sin haber sido influida por los últimos treinta años de la música popular, como las canciones de esos treinta años se basaban en los 200 años anteriores y estos en todo lo demás.

Ello no impide que el pasado intente controlar (punto 2) y sacar partido del futuro, más bien al contrario. Eso precisamente son los tan manidos derechos de autor, que siempre ejercen los apoltronados para evitar que les quiten la tarta. Lo cual nos lleva al escenario menos libre de todos: aquel en el que la creación está prisionera de las represalias legales (punto 3). La ley siempre está a favor del mismo amo, lo hemos visto en la SGAE y en cualquier otra sociedad gestora de derechos de autor en manos de multinacionales, sin que se atisbe ninguna salida honrosa para este tipo de entidades.

Pero si tenemos que quedarnos con un solo argumento sería éste: No existe manera humana de gestionar un copyright justo. Ni siquiera una inteligencia superior sería capaz de repartir equitativamente la riqueza generada por la pachanga reggae de este verano entre todos los autores de ska y rocksteady, y así hasta llegar a Count Lasher, Lord Flea, el mento y todos los esclavos que participaron en la creación de la música jamaicana. Y lo peor de todo es que, en ausencia de esa inteligencia superior, son personas, empresas y jueces que no tienen ni idea, quienes deciden qué es una versión, qué es una copia y qué es un homenaje. Calamaro, Manu Chao o Gerard Quintana llevan años firmando “originales” como si el rock lo hubieran inventado ellos, y nadie -la SGAE la que menos- les ha puesto ningún pleito. Hay quien tiene derechos y quien no los tiene. El copyright como concepto está y estará siempre en manos de los lobbies del entretenimiento (Time Warner et al).

Por eso, si tenemos que optar por una vía, será la de limitar el control del pasado (punto 4). El copyleft y Creative Commons son mucho más honestos que su primo díscolo copyright, bajo cualquier punto de vista. El copyright es el freno de la cultura popular. El copyleft y Creative Commons su acelerador, y su liberador. Tienes derecho a construir lo que quieras con lo que ya existe. Simplemente hazlo y di al mundo que lo has hecho. Y eso te da las mismas ventajas e inconvenientes que a cualquiera, así que mejor que lo hagas bien. Con ese pasado, lo mismo puedes hacer algo, digamos, vulgar (como lo que hicieron los Wantun con la versión en catalán del “Turn turn turn”, encima pagado con dinero público de TV3), un rip-off con con cerebro (el “Second Chance” de Peter, Bjorn & John, cuyo vídeo se encuentra irónicamente bloqueado en nuestro país por Sony, en base a vaya usted a saber qué interpretación de los “derecho del autor”) o simplemente guiños de fan por pura diversión (como los de los Ginkas a Barracudas en “Linda Manz”). Del mismo modo, el “Jean luc” de Els Amics de les Arts copia a Blur, que a su vez copiaron indiscriminadamente a XTC y se hicieron ricos gracias a ello. Y, aunque Andy Partridge y Colin Moulding no hayan recibido ni un solo royalty a cuenta de sus ideas plagiadas, es preferible que sea así: Gracias a ello otros han podido empezar a decir algo, mientras ellos han seguido haciendo música increíble, agrandando año tras año un universo la mar de estimulante. Aventuras de Kirlian deberían haber recibido un pago mejor por todo el pop naïf de los 90-00s, pero con un copyright más estricto y sin la oleada tontipop seguramente no hubieran existido Meteosat, ni Ignacio Escolar sería la persona que es ahora. Entretanto, Ibon Errazkin pasó página, tuvimos a Le Mans y ahora tenemos a Single (y con esto volvemos a la casilla de salida, con Joan Vich). El límite debe ser tu desvergüenza y tu imaginación, no lo que diga una sociedad gestora, sean cuales sean sus directivos. Preferimos tener esas canciones, TODAS ellas, las buenas y las malas, que no tenerlas. Y pensamos que, cuando se hacen las cosas bien, la verdad vuelve como un boomerang y, finalmente, prevalece.

RIP! #SGAE: A Remix Manifesto

Viendo la que está cayendo en la SGAE nos entra la risa floja. Nos alegra tanto que por una vez se investigue, impute y enchirone a chorizos de verdad que se nos despeina el tupé de las carcajadas. Quedan muchos,  sí, pero Teddy Bautista ha demostrado durante años ser uno de ellos, al frente de ese bochornoso ente mafioso conocido como SGAE. Chantaje, dinero negro, cuentas opacas, repartos dedocráticos… No nos digan que no estaba claro. Lo sabíamos todos y lo sabía el Ministerio de Cultura (incluyendo a sus ministros, pasados y presentes), que es responsable más o menos directo de lo que pueda levantarse en los próximos meses.

Luego nos viene a la cabeza el excelente documental de Brett Gaylor “Rip! A Remix Manifesto”. Odiamos el copyright por aquello en lo que se ha convertido, aquello que en España representa la SGAE y en USA la RIAA y la MPAA. Los derechos de autor no estaban pensados para pudrirse sino para proteger a viejitos que en su juventud habían perseverado en el difícil mundo de la trova hasta dar con su “Louie Louie” o su “We Shall Overcome”. Brett Gaynor toma a Girl Talk, un músico que es el anticristo del copyright en sí mismo, para elaborar un documental jugosísimo que va desde la avaricia del pasado intentando controlar el dinero del presente (Metallica, we hate you!) hasta el más estimulante concepto de la creación por mutación cultural. Impagables los ejemplos de “La cultura siempre se basa en el pasado”: “The Last Time” y “Whole Lotta Live” no son más que puentes entre las Staple Singers o Son House/Muddy Waters, y el “Bittersweet Symphony” de The Verve o cualquier otra canción del futuro. Girl Talk es y no es el protagonista, simplemente está ahí, en el centro del manifesto. Brett Gaynor lo es, sin duda, con ese discurso en off a lo Werner Herzog y un loable enfoque copyleft-ish que lo lleva a cuestionarse por la legalidad de su documental desde dentro del mismo. Bien por la galería de entrevistados -Gilberto Gil, Lawrence Lessig y Cory Doctorow- y por el espacio de remix fílmico que se anticipa. “Rip!” no solo denuncia a las grandes organizaciones (Time Warner, Disney, etc), sino que se preocupa de establecer el escenario para que la creación continúe.

Nos sumamos a ello. Tomen este artículo-pastiche que están leyendo y remézclenlo como gusten. Con que nos digan algo para poder seguirle la pista nos damos más que por satisfechos.

Disney, revela Gaylor -y no es el primero-, fue un saqueador cultural que ahora pretende cobrarnos y denunciarnos por usar esas ideas que pertenecían al dominio público. Mientras semejante absurdo siga pasando, el copyright carece por completo de sentido, Teddy merece la cárcel y Disney (the corporation) tiene muchísimas cuentas pendientes con la humanidad.

Les dejamos con un pequeño juego que, si han visto “El Rey León” o escuchando la canción central de la película, seguro les encantará, o al menos les hará pasar un buen rato. Nuestro +1 es para el entusiasmo airado scot-tirolés-nashvilliano de Karl Denver. Una versión que les levantará a sacudidas por las mañanas.

A tomar por culo el medio ambiente, la alimentación, la agricultura y la protección de datos…

… ¡Todo eso (y mucho más), a tomar viento!

¡Que la presidencia, la vicepresidencia, las empresas (las grandes, por supuesto) y los acreedores bancarios puedan encenderse los puros con billetes de quinientos!

¿Cuántos ciudadanos aprobarían esto? ¡Mierda de plutocracia liberalista!

Perdonarán nuestros exabruptos y el lenguaje grosero, pero es que la violencia del Govern nos enerva. Original aquí.

Alegando

Hoy es el último día para presentar alegaciones a la Llei Omnibus (a.k.a. Llei de Simplificació, d’Agilitat i Reestructuració Administrativa i de Promoció de l’Activitat Econòmica).

Pueden hacerlo tal como se indica aquí. Verán varias opciones: el email ya está colapsado así que se recomienda la entrega personal en las oficinas de registro, así como la participación campaña web de recogida de firmas de Actuable.

Porque NO queremos una ley de “Simplificación” que nos desproteja aún más. No aceptamos que los privados se lucren con nuestra sanidad, en una situación de carencia generalizada como la que se está impulsando. Elegimos que se financie la salud, y no la banca. Que se “simplifiquen” los sueldos de los altos cargos. No queremos que los contratos públicos se resuelvan por dedo-cracia (no somos tontos, sabemos exactamente a qué empresarios beneficia). No queremos morir en una lista de espera (no, no y no). No queremos que el Ter y el Llobregat pertenezcan a empresas privadas, de las que no nos fiamos y a las que no hemos elegido jamás. No queremos un litoral lleno de embarcaciones deportivas y explotadoras pesqueras intensivas, ni que un ejército de 4x4s y Quads nos echen del camino (¡las GRs son nuestras!). Amamos el Cap de Creus. Los espacios naturales son extremadamente frágiles, deben ser controlados para protegerlos de la voracidad del neo-liberalismo. Es nuestra maldita responsabilidad con el presente y el futuro. El medioambiente y la sanidad son lo más sagrado que nos queda.

Queremos cambiar el mundo, pero mientras tanto nos lo quieren dejar hecho un estercolero inmundo.

¡Actuemos!

Este mundo está embarazado de otro mundo posible

Queremos que todo esto implique al máximo de personas. Queremos sobretodo a la gente del barrio, a las comunidades populares, pero también queremos a cualquiera que sienta ansia por una verdadera democracia. Queremos decidir sobre el futuro. Los frentes están completamente abiertos.

Hay quien calla (¿qué es lo que otorga el que calla, en este caso? ¿cobardía? ¿indiferencia?), y quien por fortuna no teme hablar. Personas que tienen presencia en prensa también. En nuestro ideal horizontal, esas personas no están por encima del acampado o el cacerolero anónimos, pero sí suman su fuerza individual y toman su responsabilidad, haciendo aquello para lo que están perfectamente capacitados: convertirse en puntos de difusión, repetidores de un mensaje colectivo, más poderoso que el de cualquier individuo aislado. Es así como funcionan las redes de comunicación, y todos somos parte de alguna. De Galeano y Punset ya les hablamos. De José Luis Sampedro, Manuel Castells o José Saramago no, pero nos atrevemos a decir que su apoyo ha sido constante y viene de bastante atrás. Jean Plantu pone su repetidor en las tripas de Le Monde.

Mientras el revuelo mediático nos permite seguir en primera línea, las acciones no se detienen. Llevamos 17 días de esto, sea lo que sea, y se ha avanzado más que en los últimos 36 años (perdón, mucho más que en los últimos 72 años). Pero las cosas llevan su tiempo, aunque las instituciones responsables de los desalojos empiecen a perder la calma y amenzarnos. Plaça Catalunya necesita seguir trabajando las vías de la solución (sin contar que en estos momentos es la plataforma para articular la dimisión de Himmler o las protestas contra las “retallades”), mientras en Sol se plantean coordinarse en Internet sin que se disperse la fuerza del movimiento. Nosotros vemos crecer día a día el esfuerzo constructivo en Sants, lo cual nos enorgullece enormemente. En estos momentos todo es posible. Barrios ó 2.0, todo suma. Y aunque algunos sigan creyendo que los desalojos venideros serán el fin de sus pesadillas (como antes lo pensaban de las elecciones del 22-M), lo cierto es que ahora mismo esta energía parece imparable. Solo es necesario abrir los ojos para verlo.

Desde Walden con amor

Hemos querido aportar un granito de arena más a toda esta belleza.

Simplemente nos ha parecido apropiado donar al pueblo un ejemplar de “La desobediencia civil” de Thoreau que teníamos por casa, para lo que pueda servir. Pueden buscarlo en la biblioteca de campaña de la Plaça Catalunya. Allí se quedará hasta que alguien se lo lleve, o se traslade con el resto de libros hermanos que lo acompañan en estos momentos y pase a formar parte del arca del conocimiento de la toma de Plaça Catalunya (¿qué leían estos liantes?, alguien se preguntará algún día). O lo retire la Guardia Urbana, qué sabemos nosotros. De ser así, seguro que lo queman a lo Farenheit 451, los muy cafres, otra cosa no van a saber hacer con él.

Además, no somos los únicos que hemos pensado en Thoreau en relación a todo esto que estamos viviendo. Al menos uno de los carteles de la plaza llevava una de sus muchas frases célebres.

No les daremos la brasa sobre este señor con barba lincolniana, un ser humano especial, tan maltratado como auténtico, con el don de hacer filosofía desde una suerte de proto-anarquismo proto-ecologista vecinal y desobediente. Un espejo en el que mirarnos en estos momentos, vaya. Por fin los tiempos nos dan la razón, tanto a Thoreau como a nosotros. Pasado y presente en un proceso de mejora continua del que nadie conoce el futuro.

Tanto Walden como La desobediencia civil pueden leerse online en busca de inspiración.

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