la pulga y la locomotora

Anónimos y cabreados

Ésta es la verdadera transición

Cada día que pasa queda más claro que existen dos mundos que transcurren en paralelo. Uno es el de los mercados (nuevo récord para la dichosa prima, estamos en Defcon1, quiebra segura), el Papa, el NWO, las instituciones, los partidos, la Delegación del Gobierno y la Policía. Son los privilegiados que, sintiéndose amenazados, se agarran a la teta para seguir chupando de ella. Es el mundo de los que no entienden nada. No quieren, no les interesa. “Quítate tú para ponerme yo”, repiten incesantemente. Fingen cordialidad, debate (¿?), consenso, resolución, como los farsantes que son. No están a la altura y a cada paso que dan nos representan un poquito menos (todavía). Intentando parar lo inevitable, añaden clavo tras clavo a su ataúd. Ayer, sin ir más lejos, fue un día de claw-storming para ellos: “Desalojemos Sol”, “acordonemos la plaza”, “identifiquémoslos a todos”, “cerremos el maldito metro, ¡de ahí sale el enemigo!”. Un esperpento en toda regla, que está viendo no solo toda España sino todo el mundo. Cuántas máscaras cayeron por un simple paseo. Atropello de varios derechos (expresión, libre circulación, etc) y… ¡miedo! Mucho, mucho, mucho, ¡muchísimo miedo!.

Por otra parte tenemos el mundo real. El que reclama como suya una política cotidiana, cercana a las necesidades del pueblo y libre de deudas absurdas que la limiten. Ni debe 960.366.000.000€ a no se sabe muy bien quién, ni necesita rendir pleitesía a la Santa Madre Iglesia, ni tiene por qué hacerse responsable de los juegos infantiles irresponsables que han llevado el diferencial a 410 puntos. Un mundo que, en contraste con el primero, no necesita exhibir ejércitos uniformados propios del pasado. Que no precisa reprimir ni amenazar a nadie, porque tiene la razón y eso es evidente para cualquiera. Le basta con salir a la calle a dar un paseo. Bajo la plaza está el metro. Le basta con escribir lo que piensa en un DIN-A3, o tuitear una pizca de su inmensa inteligencia colectiva en 110 carácteres (+30 para los hashtags).

Son los policy makers contra los everyday makers. El mundo cambia con cada pequeño gesto de los everyday makers, mientras que los policy makers se enrocan en sus antiguos privilegios e intentan enhebrar un zeppelin en una aguja. Hay que estar muy ciego, muy beodo o muy autosatisfecho para no verlo. El chollo se les acaba. Caminamos por el espacio, ésta es la verdadera transición. Lo de ayer demostró que el final está más cerca de lo que pensamos.

Y ya.

La foto la colgó Manuel Cuéllar.

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