la pulga y la locomotora

Anónimos y cabreados

Roadrunner Roadrunner

La prima de riesgo anda galopante, dicen que de récord. Echó a correr como un animal rabioso y ahora no sabe parar. 370 puntos de sobreprecio con respecto al bono alemán esta misma mañana. No pregunten las causas, el mercado especulativo no entiende de eso. Solo sabe invertir-recuperar-invertir-ganar-invertir-recogerbeneficios-refinanciar-minimizarpérdidas-invertir-especular-invertir-recogerbeneficios-invertir-valorar-recuperar-bonosbasura… y a otra cosa, como quien tira un pañuelo de papel usado, repitiendo el ciclo hasta la saciedad. Andamos como Grecia hace un año y, descartados Portugal e Irlanda, somos el próximo kleenex, está claro. Dinero. Qué aburrido y qué vacío.

En medio de todo este circo tenemos, en el papel de la mujer barbuda, a la deuda pública de “los países periféricos”. Se trata de una deuda presa, que solo está ahí para que otros miren y se aprovechen de ella. No es capaz de decidir por sí misma, porque quienes la administran (es decir las administraciones) están al servicio de quienes ponen a galopar la prima de riesgo. La Banca, en cualquiera de sus mutaciones turbo-capitalistas, es quien posee el control de lo que sucede en los mercados, su campo de juego. Así que lo que tenemos es una especie de frenopático, en el que los locos son los que vigilan, y la deuda pública es la interna, con camisa de fuerza, celdas acolchadas y un salvaje tratamiento de electroshocks cada pocos días. En cada sesión le funden un nuevo pedazo de cerebro y se queda algo más lela. A menos cerebro, menor capacidad de oposición, menos problemas, piensan.

Mientras la banca estira de la deuda, la deuda estira de la sanidad, la educación, el mercado laboral y las ayudas sociales… de toda la sociedad, en definitiva. Hay una relación clarísima (y vergonzosa) entre la especulación en los mercados de deuda y los recortes sociales. Vale, paremos un momento y reflexionemos sobre esto: Los mercados deciden los presupuestos y marcan la dirección que deben tomar los gastos públicos. ¿Hay algo más absurdo que eso? ¿Puede un país dejar que la especulación ajena gobierne por completo su sociedad? ¿Es eso aceptable? ¿Es ético? ¿Es legítimo?

Habrán deducido (con acierto) que el escenario nos parece una auténtica barbaridad. Nos parece, además, demente y totalmente desvinculado de la realidad. Su campo de juego no es el nuestro. La ciudadanía no ha elegido esta prisión, ni la merece. Los recortes preventivos son tan violentos como los paliativos. Y por último y más importante, al menos para deshacer los espejismos: Los recortes NO nos van a sacar de la crisis de la deuda. La banca NO se va a dar por satisfecha cuando baje (si baja) el endeudamiento español. Los especuladores NO van a dejar de jugar a la ruleta con nuestro dinero público. Los sacrificios que se nos exigen para que los malos puedan cobrar NO van a generar nunca una sociedad mejor.

Por tanto: ¿Qué sentido tiene eso? ¿De qué sirve pagar la deuda?

Hacerlo será pasar de guatemala (endeudados) a guatepeor (endeudados, asfixiados y sin garantías sociales) y no evitará ninguna bancarrota que se haya cocinado, se esté cocinando o se vaya a cocinar en los mercados. Además, entregará la sociedad a unos valores infames que unas veces nos dan risa y otras, cuando nos tocan las narices, pena, dolor y ganas de liarnos a mamporros. ¿Para qué trabajamos como mulos? ¿Para qué cotizamos? ¿Quién, de entre todos nosotros, sean votantes o abstencionistas, estaría de acuerdo en que un 20% de sus impuestos vaya a parar a un lobbie bancario de sanguijuelas con corbata que no hacen nada -absolutamente NADA- por este país?

Aunque la mayoría de las situaciones cotidianas que nos encontramos no son blancas o negras, sino que tienen una amplia gama de grises, las grandes decisiones de la vida, aquellas que se basan en una pregunta directa, solo admiten dos posibles respuestas: la a o la b. La c, si la ponen, es únicamente para confundir: Depende, todas las anteriores, ninguna de ellas… Recuerden que, entre toda esa selva de alarmas y noticias pseudo-financiero-bursátiles que inundan los diarios generalistas en estos instantes, existe una pregunta que no se nos está haciendo. Es una pregunta directa, de las de a o b. Pongámosla en primer plano o los intereses ajenos tomarán por nosotros la respuesta equivocada:

¿QUEREMOS pagar la deuda?

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