la pulga y la locomotora

Anónimos y cabreados

De la indignació a l’autoorganització / De la indignación a la autoorganización

Las cosas se mueven deprisa. En apenas una semana hemos reclamado las plazas del centro de las ciudades, han surgido por doquier pequeñas sociedades autogestionadas y las ideas han sido puestas en ebullición. A mediodía hemos estado en Plaça Catalunya, que sigue tan viva y entusiasta como en jornadas anteriores. El panorama es espectacular, una sociedad que se autoorganiza y se actualiza al minuto, según sus propias necesidades. A primera vista es apabullante, parece que haya un exceso de información, pero todo allí sigue un orden, el del trabajo y el sentido común. Se recuerda constantemente que aquello no es un botellón, que estamos construyendo algo más grande, que es más importante vivir que tomar fotos. La recomendación para todos los que no lo hayan hecho aún es que acudan a Plaça Catalunya antes de que lo haga el sheriff. La encontrarán brutalmente cambiada a como la recuerdan de hace un mes, cuando era simplemente un suelo grisáceo, vacío de alma, lleno de palomas (también grises) y de Tommy Hilfiger’s. Si pasan al menos un cuarto de hora repirando en ella, le encontrarán el sentido a todo. No lo olviden, hay personas que se encargan de que así sea. Si se pierden, echen un vistazo al siguiente organigrama:

Respiren de nuevo y vuelvan a meditarlo. Todo lo que aquí arriba pueden ver (además de cocina, que se le despistó a alguien y es una comisión que lo merecen TODO y más) se ha construido en una semana. UNA SEMANA. De manera autónoma, sin patrocinadores y sin estupefacientes. Piensen en todo lo que podría hacerse con tiempo.

Ahora toca ir a por los barrios. El sábado se puso la primera piedra, pero hay que reconocer que en Madrid van un paso por delante. Se comunican via Toma los barrios y se está proponiendo ya una metodología asamblearia más que necesaria, dado el elevado número de barrios/pueblos que intentan coordinar (nos salen nada menos que 83, según recuento a fecha 24/5). Las asambleas de barrio son autónomas y tienen la posibilidad de aportar propuestas a la asamblea general en base a una estructura de Sierra o de Sube-y-baja. Viene a ser algo así:

Asamblea de Barrio (o Municipio) PROPUESTAS > Asamblea Madrid (DECISIÓN COMÚN)> Asamblea de Barrio (o Municipio) RATIFICACIÓN > Asamblea Madrid (DECISIÓN DEFINITIVA)

Esto tiene que salir bien. Y, sin ánimo de imitar sin ton ni son, Barcelona necesita algo parecido. Crear un tejido de asambleas populares es el único camino. Si no lo hacemos así, corremos el riesgo de que la ocupación de Plaça Catalunya se quede en una mera anécdota que explicar a nuestros nietos. Por eso pedimos (y pediremos donde haga falta) enfocar en esto las energías, o al menos una buena parte de ellas. A corto plazo, es lo que evitará la dispersión cuando venga el sheriff. El barrio es “casa”. Está muy bien haber recuperado Plaça Catalunya, pero no es nuestro barrio ni está cerca de nuestro hogar (suponemos que la gran mayoría de nosotros no vive en El Corte Inglés ni en el Passeig de Gràcia). Necesitamos la cercanía con nuestra gente, necesitamos oxígeno, nuevas energías, nuevas cosas que construir… Más justicia social por la que luchar, más trabajos en los que volcarnos para mejorar nuestra propia situación y la de los demás. Más ganas de cambiar el mundo. Hala, ya está dicho. Ahora llámennos ingenuos si quieren.

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