la pulga y la locomotora

Anónimos y cabreados

El placer de [descentralizar y coordinar] la revolución

Ayer, día 22, pasaron varias cosas que queremos comentarles. Empezaremos localmente. En Plaça de Sants ya hay acampada, con todo  lo que conlleva: asamblea diaria, cacerolada, comisiones, cocina, megafonía, mini-biblioteca, actividades, etcétera.

Un par de fotos para que nos crean. Cada vez nos salen más movidas, deben ser los nervios:

Es emocionante comprobar cómo tu ciudad responde, pero es todavía más hermoso ver la respuesta de tu propio barrio. Creemos que el paso es necesario, llevar el espíritu de Plaça Catalunya a los barrios y el espíritu de los barrios a Plaça Catalunya. No todas las personas pueden acudir al centro de Barcelona, unas por imposibilidad física o logística para desplazarse, otras porque saben que su lucha está en el barrio. Y Sants está activo, créannos. Ayer, por ejemplo, ensordecimos con el ruidazo que arman 150-200 personas cabreadas, y verificamos in-situ cómo el virus se extendía al resto del barrio, que seguía picando latón pasadas las 21:30h.

La asamblea de Plaça de Sants (que, por cierto, tiene una configuración circular ideal como ágora para asambleas de 300-400 personas) se alimenta de esa cacerolada, de los objetivos comunes con Barcelona y de sus propios objetivos individuales, todavía por redactar. Es bueno que todo esto exista para difundir el mensaje general al pueblo y para recoger su voz allí donde éste se encuentra. Podríamos dar una y mil razones más sobre cómo y por qué descentralizar. Pero dejemos que lo haga un situacionista tardío, Ken Knabb, desde “El placer de la revolución” (1997), libro que creemos debe formar parte de la mini-biblioteca de acampadasants (nos encargaremos de ello), pero que mientras tanto pueden encontrarlo online aquí y aquí (también en otros idiomas, además del español). El capítulo cuatro se llama Renacimiento, y ahí se aborda la autonomía local de la siguiente manera, a considerar como un posible modelo para la acampada y asamblea de Sants:

Descentralización y coordinación

Habrá una fuerte tendencia hacia la descentralización y la autonomía local. Las pequeñas comunidades promoverán hábitos de cooperación, posibilitarán la democracia directa, y harán posible una experimentación social más rica: si un experimento local falla, sólo un pequeño grupo sufrirá las consecuencias (y otros podrán ayudar); si tiene éxito se imitará y se extenderán sus ventajas. Un sistema descentralizado es también menos vulnerable a una ruptura accidental o al sabotaje. (Este último, sin embargo, será probablemente insignificante de todas formas: una sociedad liberada tendrá seguramente muchos menos enemigos airados de los que produce constantemente la sociedad actual.)

Pero la descentralización puede favorecer también el control jerárquico aislando a las personas entre sí. Y hay cosas que pueden organizarse mejor a gran escala. Una única gran fábrica de acero tiene más eficacia energética y es menos perjudicial al ambiente que un horno de fundición en cada comunidad. El capitalismo ha tendido a sobrecentralizarse en ciertos terrenos en que una mayor diversidad y autosuficiencia tendrían más sentido, pero su competencia irracional ha fragmentado también muchas cosas que podían ser más susceptibles de regularizarse o coordinarse centralmente. Como señala Paul Goodman en People or Personnel(libro que está lleno de ejemplos interesantes sobre los pros y los contras de la descentralización en diferentes contextos actuales), dónde, cómo y cuándo descentralizar son cuestiones empíricas que requerirán experimentación. Todo lo que podemos decir es que la nueva sociedad será probablemente tan descentralizada como sea posible, pero sin hacer de ello un fetiche. La mayoría de las cosas pueden estar al cuidado de grupos pequeños o comunidades locales; los consejos regionales y mundiales se limitarán a temas de amplias ramificaciones o que funcionan mejor a una escala significativa, como la restauración del entorno, la exploración del espacio, la resolución de las disputas, el control de la epidemias, la coordinación de la producción global, la distribución, el transporte y la comunicación, y el sostenimiento de ciertos medios especializados (p.e. clínicas o centros de investigación de alta tecnología).

Se dice a menudo que la democracia directa funcionó bastante bien en las asambleas de los pueblos antiguos, pero que el tamaño y complejidad de las sociedades modernas la hace imposible. ¿Cómo pueden millones de personas expresar su propio punto de vista sobre cada asunto?

No lo necesitan. La mayoría de los asuntos prácticos se reducen finalmente a un número limitado de opciones; una vez que se han declarado éstas y se han adelantado los argumentos más significativos, se puede llegar a una decisión sin más. Los observadores de los soviets de 1905 y de los consejos obreros húngaros de 1956 se extrañaron de la brevedad de las manifestaciones de la gente y la rapidez con que se tomaban decisiones. Los que iban al grano eran elegidos como delegados; los que mantenían un discurso vacío fueron muy criticados por hacer perder el tiempo a la gente.

Para asuntos más complicados se pueden elegir comités que investiguen diferentes posibilidades y vuelvan a informar a las asambleas sobre las ramificaciones de las diferentes opciones. Una vez que se adopta un plan, comités más pequeños pueden continuar supervisando su evolución, notificando a las asambleas cualquier nuevo asunto relevante que pueda sugerir cambios. En los temas controvertidos se podrán proponer comités múltiples que reflejen perspectivas opuestas (p.e., protecnológicos contra antitecnológicos) para facilitar la formulación de propuestas alternativas y puntos de vista diferentes. Como siempre, los delegados no impondrán decisiones (excepto con respecto a la organización de su propio trabajo) y se elegirán de modo rotativo y sujetos siempre a la destitución, asegurando así que hagan un buen trabajo y que sus responsabilidades temporales no se les suban a la cabeza. Su trabajo estará abierto al examen público y las decisiones finales siempre revertirán a las asambleas.

Las tecnologías modernas de informática y telecomunicación permitirán que cualquiera compruebe instantáneamente los datos y sus proyecciones por sí mismos, así como comunicar sus propias propuestas. A pesar de la actual propaganda tales tecnologías no promueven automáticamente la participación democrática; pero tienen el potencial de facilitarla si son modificadas adecuadamente y puestas bajo control popular.(2)

Las telecomunicaciones también harán a los delegados menos necesarios que durante los movimientos radicales previos, cuando funcionaban en gran medida como simples portadores de información de un sitio a otro. Pueden circular propuestas diversas y discutirse a la vez, y si un tema tuviera el suficiente interés las reuniones del consejo se transmitirán en directo a las asambleas locales, posibilitando que estas confirmen, modifiquen o repudien las decisiones de los delegados.

Pero cuando los temas no son particularmente polémicos, bastará probablemente con enviar emisarios libres. Habiendo llegado a alguna decisión general (p.e. “Este edificio debe remodelarse para servir como guardería”), una asamblea puede simplemente pedir voluntarios o formar un comité electo para llevarla a cabo sin preocuparse de un control riguroso.

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